BIOPODER O LA FACULTAD DE SER UN PROVINCIANO ASTUTO.


Cabe señalar que soy de provincia, de la triste y polémica ciudad del cemento y la droga: La Calera.
Esta ciudad, que cuenta con casi 50 mil tristes habitantes, es un pedazo de tierra inerte en cuanto a fertilidad cultural refiere , puesto que en su calidad de ‘’puerto seco’’, la ciudad sólo suma y sigue en cuanto a conexiones económicas y transas metalizadas de toda índole –mercado informal y negro-. Alguien podría cuestionar lo que digo, porque efectivamente existe, gracias a este intercambio monetario, un cierto florecer cultural, y no se equivoca: existe un florecer cultural, pero un florecer ligado a la cultura del dinero, lo cual en sí, no es nada malo ni de otro mundo, sino todo lo contrario, es decir, es el actual estado primordial que todo grupo humano –o ciudad, o país, o estado- aspira siempre a alcanzar . Dentro de esta lógica es en donde aparece la figura ‘’del delincuente como sujeto integrado al sistema’’ o, como diría Mellado, el que quiere parecer como el de la capital (centro fáctico del país, sus poderes, sus vicios), el cual bajo según las lógicas del mundo metalizado actúa en conformidad de un constante modus rotative, que le lleva a cambiar y adaptarse a las leyes del mercado para seguir funcionando, tanto así como a desarrollar constantes trucos y prestidigitaciones para engañar, violar, irrespetar, transmutar, gorronear, coimear, ‘’colgar’’, traficar, y que por cierto, es el ‘’estado comercial-espiritual’’ el responsable de
alimentar este deseo descontrolado por la adquisición, el derroche y el ‘’desmarque’’. Como si fuese ontológicamente necesario .
Ahora bien, el delincuente alcanza niveles de ‘’astucia’’ comparables con su extremo opuesto, es decir, la policía. En esta dialéctica, opuesta y complementaria, ocurren ‘’eventos intersticiales’’ que en realidad, vienen a ser todos aquellos dispositivos elaborados por el aparato delincuencial que no son detectados o que son muy difíciles de extinguir debido a su calidad líquida, gracias a la capacidad de escurrir por entre los poros. Me gustaría saber de ellas en su totalidad, ejercerlas y poder enumerarlas, sin embargo, su extensión y su ‘’indefinición’’ lo impiden. Pero, es precisamente esta indefinición la que permite que ciertas prácticas inubicables se desarrollen cada vez con más fuerza y multidirecciones: por ejemplo, ya no hablamos sólo del carterista, hablamos del carterista de ideas; ya no sólo hablamos del monrero , hablamos también del ladrón cybernáutico; ya no sólo hablamos de hampones tatuados, hablamos también de ladrones con corbata. En definitiva, hablamos de la mejora, de la sobre-exactitud de los dispositivos y los contra-dispositivos que aparecen, son absorbidos o simplemente coaptados y eliminados por la Maquina y su maquinaria.
La sumatoria anterior es tan basta como ‘’inubicable’’. Una especie de mórula desenfrenada y tan basta que incluso alcanza a la disciplina utilizada como excusa en este informe: el arte. Así como existen carteristas en las calles, existen también los carteristas de ideas, plagiadores y ‘’provincianos astutos’’ que quieren suplantar al original y absorber parte de la propiedad intelectual de la cual parasitan o succionan, sin la necesidad de ir a parar necesariamente a la cárcel. Sin la necesidad incluso de establecer alguna cosa en concreto, salvo activarse en el acto, tomar conciencia de su bio-voluntad y deslizarse por la realidad, asumiendo lo que estar en la realidad significa . Por lo mismo, el provinciano astuto está siempre un paso adelante –o atrás, según le convenga- del objetivo que desea emplazar, siendo este objetivo de una universalidad cotidiana –como comer y deyectar, socializar y realizar una rutina- y a la vez infrecuente –como crear, filosofar y escribir sobre ello, hacer música y poetizar, como desarrollar una cosmovisión o preguntarse sobre los orígenes y los devenires de la vida, el universo, la muerte y el orgasmo-., y parasitar y ante cualquier eventualidad que atente contra la integridad de su actuar será capaz de disolver y disolverse frente al elemento policial.

¿De qué manera? Fácil: encubrirá todo con la excusa de que hace arte, cuando en realidad, utiliza el arte como excusa para lograr un cometido de inserción y neodemocracia, tanto así como la necesidad de habilitar nuevos códigos, nuevos lenguajes y nuevos cruces entre estos y otros tantos factores. Así pues, la cuestión ya no sólo se trata de establecer un juego o un acto poético: se trata de insertarse dentro del medio –de las redes, conexiones y tinglados que entre personas e instituciones se desarrollan- y lograr alzar la voz en pro de un bienestar político-emocional.
Como no soy filósofo, ni mucho menos, me es imposible recurrir ciento por ciento a esta disciplina para establecer mis puntos teóricos, por tanto, es el arte –en sus múltiples formas, discursos y apareceres- el que logra sustentar y solventar tales puntos. Quizá estemos frente a un resurgimiento del espíritu romántico de las Vanguardias. Quizá, solo sea parte de una camada de artistas o practicantes de arte con cierto grado de conciencia sobre lo social. Quizá sólo estemos frente a lo que ya sabemos y que hace rato vengo pronunciando: la aparición del individuo dúctil, astuto y muy parecido a lo que un pillo significa para la cultura, nuestra cultura. Un tipo de individuo capaz de introducirse y escapar sin mayor funa, un individuo capaz de solaparse con los elementos contextuales de su entorno: aparecer, discurso, economía y actitud frente al mercado. En definitiva, un buen catalizador.
Se desprende de aquí –y en términos de Foucault- que el ‘’hombre es capaz de hacer valer su libertad’’ y esta libertad no significa –para mí- otra cosa que la constante reinvención de valores, signos, discursos, imágenes y actuares de este hombre dentro de sus círculos (el del zoé y el bios; el círculo de su cotidiano y el de su polis-escena). Ahora bien, puede, a estas alturas, sonar un tanto utópico hablar de la libertad del hombre, pues conocidos son los dispositivos de control y engaño que las instituciones han desarrollado para capturar y mensurar tal libertad: es aquí donde se puede establecer como paralelo pertinente, la figura del provinciano frente a la figura del citadino. Ambos caracterizados con anterioridad por la literatura, el cine y la publicidad, y cuyo mayor abismo es precisamente la biósfera que sustenta a cada uno.
Mi interés es establecer cómo éstos realizan y des-realizan los márgenes constitutivos de sus biósferas; más aun, sobre cómo el provinciano es capaz de absorber y sintetizar, reinterpretar y reorganizar mucho mejor las formas, discursos y signos que el citadino: como si el provinciano articulara de mejor manera su memoria visceral por sobre la nemotecnia del citadino .
Resulta un tanto osado decir que los provincianos tenemos mayor capacidad de inventiva motivada por cierta memoria ‘’vibrátil’’, sin embargo, es de vital trascendencia para soportar tal dicho, las referencias que hace Rolnik sobre la capacidad subcortical. Esta capacidad, según mi entender, no sería otra cosa que la liberación de la conciencia técnica sobre las cosas y los sentidos en pos de una conciencia ontológica, espiritual y cosmológica; esta liberación técnica, no deriva en otra cosa que sea, precisamente, la liberación del individuo a partir de una consigna indecible: ‘’la visceralidad moral y política’’ sobre asuntos de la más distinta e inconmensurable índole.
Quizá deba detenerme y explicar aquello de la visceralidad moral y política. Pues bien, en términos que aun no comprendo ni manejo del todo, puedo articular y administrar conceptos variados que, comprendidos desde la transversalidad, abarcan los desarrollados por Nietzsche (Voluntad y moral), Foucault (Biopoder, biopolítica,), Rolnik (cuerpo vibrátil y capacidad cortical y subcortical), Camnitzer (acceso al circuito institucional). La suma de éstos procura cierto tinglado para apoyar esta investigación sobre una posible nueva estructura general para la práctica y entendimiento del mundo desde y mediante el arte.


Debo enfatizar que mi afán dentro de este actuar no es instaurar una nueva forma de hacer arte, si no, establecer una de las algunas formas activas de política y movimiento. Aun más, si es posible, dar pequeñas luces sobre cómo se podría enfrentar las distintas imposiciones (económicas, culturales, políticas, sociales y religiosas) que lo Establecido procura para el orden de la existencia, hablando específicamente de cómo sería posible establecer una camino paralelo y en lo posible, desmarcado (o reinventado) en tanto que global y autónomo. El tema ya no se trataría de la aparición del artista como un elegido¸ sino que de la aparición de un individuo transversal, capaz de asir las distintas herramientas dispuestas en la realidad – bricollage psico-físico llevado a cabo, parafraseando a Levy-Strauss-, tanto así como de poder elaborar otras tantas nuevas herramientas y disposiciones y utilidades para éstas: así, al establecer un sistema paralelo, también se establecen nuevas verdades y accionares que, si bien no dejan de lado los viejos modelos (lenguaje, economía, cosmogonía) aprovechan estos viejos modelos para evolucionar y mutar (aparición de formas de lenguaje mixturado –spanglish, coa, etc.-; nuevas formas de economía y formas de transa (vuelta al trueque, abolición de la usura y el lucro, sustentabilidad económica), heterogénesis política (inserción y neodemocracia, formas rizomáticas y flexibles sobre discursos y posturas políticas –mixtura de pensamiento marxista, anarco, demócrata, liberal y republicano- y por último, la evolución de las formas tradicionales sobre religiosidad y cosmogonías: ‘’la emergencia de una potencia múltiple y heterogénea de resistencia y creación que pone radicalmente en cuestión todo ordenamiento trascendental y toda regulación que sea exterior a su constitución’’ .


Ahora bien, bajo figuras anteriormente habladas con el profesor guía , es posible analogar la figura que Mellado establece en su novela Ciudadanos de Baja Intensidad: ‘’No iré a Madrid ni a Ámsterdam, ni a Hamburgo, porque no hay nada que pueda hacer allá. Todos son no lugares para mí, y para un lugar me basta con esta basura’’ . Claramente, Mellado nos refiere a la inevitable realidad de vivir en una provincia, entendida ésta como el patio de recreo del Poder Central, y que bajo esta especie de ley no tenemos otra opción más que asumir una postura de guerrilla y re-hacer las tácticas y las estrategias para sobre-vivir a esta capa o pliegue de realidad: ‘’Vivo, en un país, territorio o paisaje que no faculta para la vida humana, por eso no iré a Madrid’’ . Entonces, si este territorio no faculta para la vida humana, al menos facilitará la aparición de agentes tácticos y/o estratégicos capaces de re-montar fuerzas sobre los dispositivos fácticos que el poder Central ha instaurado dentro de la Provincia. Eso y mucho más.


Es así como, nuevamente, aparece la figura de la astucia: bajo la forma de papeles, roles –lo que no sería otra cosa que la creación de dispositivos para funcionar dentro de un sistema-; el habitar la crisis y sacar provecho de ésta (concretitud en cuanto a la figura del hampón y las fallas policiales de las que éste profita); el asumir un Vitalismo trágico (que resulta de la contraposición a un Nihilismo trágico) y que, como Nietzsche diría ‘’ver la ciencia a través de la óptica del artista, y el arte con la óptica de la vida…’’ . Dejemos de lado la flacidez del discurso pro-institución, la pasividad del unilateralismo cultural y sobre todo, dejemos de lado de una buena vez esta estúpida sensación de bienestar-consumo que la Economía ha instaurado con absoluto éxito, desplazando los ideales constitutivos hasta un filum de homínido rapaz e intuitivo (nada más que la Voluntad nietzscheana) por una figura sedentarista, apabullada y completamente pasiva frente al Todo: lo que conocemos vulgar y espectacularizadamente como un Homero Simpson.

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